El Euro es
cotizable en Turquía y sin desventajas con respecto
a otras monedas, por lo que no es necesario llevar
otras divisas, les aconsejamos cambiar sólo lo
necesario para sus gastos diarios. La entrada de
divisas es ilimitada.
Se
recomienda conservar los justificantes de cambio ya
que a la salida le puede ser exigida su presentación
al cambiar las liras turcas a moneda extranjera.
El cambio
de moneda puede ser realizado en bancos, algunos
hoteles y oficinas de cambio. Sobre todo en estas
últimas le recomendamos si es posible compare varias
ofertas antes de realizar el cambio.
Marmara,
Costa del Egeo y Mediterráneo: clima típicamente
mediterráneo con veranos calurosos e inviernos
suaves. La temporada de baños va desde junio a
septiembre en Mármara y en el litoral norte del Egeo
y de abril a octubre en las costas del Sur del Egeo
y Mediterráneo.
Costas del
mar negro: Clima templado, con veranos calurosos e
inviernos suaves y lluviosos.
Temporada
de baños: de junio a septiembre
Anatolia
Central y oriental: clima continental, con veranos
calurosos y secos e inviernos fríos. Incluso en
verano las noches son frescas.
ESTAMBUL.- la que fuera capital del mundo
civilizado durante muchos siglos, sigue
considerándose el corazón de Turquía. Estambul es
una metrópolis, vetusta pero todavía gloriosa, de
unos 12 millones de residentes, un escenario
espectacular a caballo entre Europa y Asia, y un
centro de importancia incuestionable en lo relativo
a la historia, el folklore, el comercio y la cultura
del país. A pesar de que está densamente transitado
y muy contaminado, el estrecho del Bósforo (que
conecta el mar Negro con el mar de Mármara) y el
Cuerno de Oro (un estuario de agua dulce),
contribuyen a mantener una sensación de amplitud,
Durante varios miles de años, hasta la construcción
del puente del Bósforo, en 1973, el único medio de
transporte entre las partes europea y asiática de la
ciudad era el barco. En 1988 se completó otro
puente, y en la actualidad se está planeando un
tercero y desarrollando la red de metro.
La historia
de Estambul abarca unos 3000 años, por lo que no
está de más desempolvar los conocimientos básicos a
fin de poder distinguir un hipódromo de un harén. El
palacio Topkapi, residencia de los sultanes desde el
siglo XV hasta principios del XIX, es una de las
joyas de la ciudad. El harén del palacio se
asemejaba a un pequeño pueblo, que albergaba hasta
500 personas de forma continua, entre las cuales
había 300 concubinas. El tesoro imperial es otro de
los reclamos del palacio. Está colmado de oro,
plata, diamantes y objetos deslumbrantes.
La basílica
de Santa Sofía, basílica de la Divina Sabiduría, se
erigió durante el reinado de Justiniano, en el año
548 y en esa época fue la mayor iglesia de la
cristiandad. Tras 14 siglos de historia, la amenaza
de los seísmos ha provocado que en la actualidad la
iglesia se encuentre reforzada con contrafuertes,
soportes y dependencias que abrazan sus robustas
paredes. En cualquier caso, la inmensa cúpula del
interior sigue siendo impresionante.
La mezquita
azul es el triunfo de la armonía, la proporción y la
elegancia; su parte exterior evoca el mismo tipo de
admiración que el interior de Santa Sofia.
Al tomar un
transbordador para cruzar el Bósforo o pasear por el
Gran Bazar ( donde se pueden realizar compras
diversas mientras pasa por un laberinto de angostas
calles), podrá disfrutar de verdad de Estambul, de
sus costumbres, sus gentes, y su cultura histórica.
Cuando se
entra en este país, que asienta un pie en Europa y
otro en Oriente Próximo, se deben abandonar los
estereotipos que reflejan películas “El expreso de
medianoche”, pues Turquía se está modernizando a una
velocidad sorprendente. El esplendor oriental, el
misterio, la intriga y los derviches danzantes, no
bastan para describir una nación que posee una
estimulante historia, un presente que explota por
todas partes y un futuro que intenta no repetir los
errores de antaño. Este país combina innumerables
atractivos.
Es también un lugar idóneo para los turistas. Los
turcos son, en su mayoría, extremadamente acogedores
con los visitantes, la cocina suele ser excelente,
las ciudades poseen majestuosos edificios antiguos y
las zonas rurales permiten sumergirse en un mundo
que creíamos desaparecido. Existe una enorme
variedad de oferta turística, desde deportes
acuáticos hasta excursiones por la montaña, desde
arqueología hasta salidas nocturnas, desde descenso
por ríos de aguas bravas hasta catas de delicias
como el raki (aguardiente con sabor a anís). Cuando
se abandona Turquía lo más habitual es que se
produzca el deseo de regresar otra vez, en busca de
magníficas alfombras, de amuletos para alejar los
malos espíritus, de sugerentes danzas del vientre o,
simplemente, de un bronceado.
La mejor
época para ir a Turquía es la primavera y el otoño.
El clima es perfecto tanto en costas del Mar Egeo,
Mediterráneo y Estambul. El Este de Turquía se puede
visitar desde finales de junio hasta septiembre,
puesto que en fechas más frías hay riesgo de lluvia
y nieve.